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Tuesday, March 16, 2010
 
 
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Nicaragua: Daniel Ortega nuevamente al poder
 
Mientras los nicaragüenses se preparan para votar en las elecciones presidenciales de su país el próximo 5 de noviembre, el dictador sandinista Daniel Ortega encabeza las encuestas en medio de un escenario dividido.
 

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No. 5, 2006

Mientras los nicaragüenses se preparan para votar en las elecciones presidenciales de su país el próximo 5 de noviembre, el dictador sandinista Daniel Ortega encabeza las encuestas en medio de un escenario dividido. Si Ortega recuperase la presidencia, la reversión de la tendencia democrática en América Central sería devastadora.

Los estadounidenses tienen razones para estar orgullosos del legado del presidente Ronald Reagan en América Central: a pesar de una encarnizada confrontación partisana en la década de 1980, los reaganistas apoyaron a los valientes demócratas de la región para erradicar el comunismo y darle a la democracia la oportunidad de arraigarse. Hoy en día, los líderes electos de los cinco pequeños países de América Central[1] están trabajando juntos para fortalecer una prometedora alianza basada en la libertad individual y la libertad de mercado.

Todo lo que nuestros amigos de América Central construyeron luego de años de guerra y sacrificio puede llegar a perderse en las elecciones del 5 de noviembre en Nicaragua. Los líderes de la región, elegidos democráticamente, están aterrados de que un rebrote sandinista cause estragos en una región que, en los últimos años, ha dado grandes pasos hacia la integración económica y la estabilidad política. Sostienen que la victoria de Ortega ahuyentará el capital y desacelerará la intermitente economía de Nicaragua, que recién ahora está comenzando a recuperarse luego de una década de desgobierno sandinista.

¿Volver al futuro?

La mayoría de los nicaragüenses están ansiosos por alcanzar un futuro mejor, pero parecen estar atrapados en una sepultura política que les fue cavada por una década de dictadura bajo Ortega y un legado de amiguismo y corrupción bajo el ex mandatario Arnoldo Alemán, que ocupó la presidencia desde 1997 hasta 2001. Desde 1979 hasta 1990, Ortega encabezó un despiadado régimen comunista que estableció una dictadura al estilo cubano, la cual negó las libertades políticas básicas, declaró la guerra a sus oponentes, confiscó la propiedad privada en beneficio de sus amigos y destruyó la economía de Nicaragua. Sus planes se vieron arruinados por los demócratas nicaragüenses y por un movimiento guerrillero campesino armado (la Resistencia Nicaragüense apoyada por los Estados Unidos) que se resistió a la opresión y exigió elecciones auténticas. Sorprendido por una rotunda derrota electoral en 1990, el Comandante Ortega, muy amargado, prometió “gobernar desde abajo” y cumplió aquella amenaza utilizando sus votos para socavar los esfuerzos de sucesores democráticamente electos para reconstruir un país que los sandinistas habían dejado en ruinas. Asimismo, para lograr sus objetivos, Ortega utilizó partidarios sandinistas del sistema judicial, miembros de las fuerzas de seguridad que se encontraban bajo su control e incluso matones de las calles.

El pacto Ortega-Alemán

Ortega pareció encontrar la horma de su zapato cuando debió enfrentarse al anticuado jefe partidario Arnoldo Alemán, que asumió el poder en 1997 y se dispuso a reconstruir la disciplinada maquinaria política del Partido Liberal de Anastasio Somoza. Su aceitada maquinaria derrotó cómodamente a los sandinistas en dos elecciones presidenciales consecutivas (1996 y 2001) y estableció una plataforma nacional que rivalizaba con la red del Frente de Liberación Nacional Sandinista (FLNS).

Por desgracia, a pesar de que es posible que al comienzo de su mandato presidencial Alemán pensara en el bienestar del país, su infame corrupción y sus esfuerzos por manipular el estado a fin de destruir a sus rivales políticos, terminaron por ser contraproducentes. Por ejemplo, en un intento de superar el obstruccionismo sandinista y consolidar su propio poder, Alemán fraguó un pacto con Ortega en 1999 que otorgaba al Frente de Liberación Nacional Sandinista una participación suficiente en el gobierno para otorgar cierta estabilidad política en Nicaragua y permitir la recuperación económica.

El resultado de este infame pacto fue una serie de reformas constitucionales que Alemán esperaba ubicara a los sandinistas como una oposición permanentemente en desventaja. Los dos jefesde partido se dividieron los instrumentos de go-bierno entre sí. Como resultado de este cínico acuerdo de poder compartido, las diversas ramas del gobierno de Nicaragua se convirtieron en instrumentos partisanos que Alemán y Ortega manipulan desde entonces para acosar a sus oponentes políticos y también acosarse entre sí muy a menudo.

La característica central del pacto es una fórmula artificial en la que un candidato presidencial puede obtener una victoria en una primera ronda con sólo 35 por ciento de los votos y cinco puntos porcentuales de ventaja con respecto a contrincante más cercano. El excesivamente confiado Alemán estaba dispuesto a ofrecer este acuerdo tentador a los sandinistas porque contaba con el sentimiento unificado de oposición al Frente de Liberación Nacional Sandinista y con una aceitada maquinaria liberal para mantener a Ortega a raya. Pero la corrupción de Alemán lo debilitó frente a los nicaragüenses honestos (incluido su propio vicepresidente Enrique Bolaños y el ministro Eduardo Montealegre) y expuso una yugular política a sus enemigos. Alemán también subestimó la influencia que Ortega ejercería a través de sus partidarios del sistema judicial, el cual ha permanecido principalmente en manos sandinistas durante un cuarto de siglo.

En las elecciones presidenciales de 2001, a pesar de la franca plataforma de anticorrupción de Bolaños, el movimiento liberal de Alemán apoyó a su obediente vicepresidente. Cuando Bolaños asumió la presidencia en 2002, Alemán buscó garantías de que gozaría de inmunidad ante la cruzada contra la corrupción de su sucesor. El presidente Bolaños, que tenazmente confrontó décadas de acoso por parte de dictadores despiadados y matones inescrupulosos, se negó a complacer a Alemán, que se sorprendió al verse abandonado por su sucesor. Confiando en miembros liberales de la Asamblea Nacional que le debían lealtad a él y no al nuevo presidente, Alemán obtuvo poder real al hacer valer la presidencia de la asamblea unicameral en 2001.

En los años siguientes, Bolaños desempeñó un papel político muy débil al tratar de “triangular” entre Alemán y Ortega. Bolaños utilizó efímeros acuerdos con los bloques sandinista y amoldista en la Asamblea Nacional para lograr aliviar la carga de la deuda internacional, ratificar el Tratado de Libre Comercio de América Central (TLCAC) y hacer algunas reformas moderadas que ayudaron a la economía de Nicaragua a comenzar a recuperarse de las desastrosas políticas de los años de Ortega.

Sin embargo, Ortega y Alemán conspiraron a lo largo del tiempo para obtener aún más poder sobre la rama ejecutiva, a tal punto que la Organización de los Estados Americanos (OEA) intervino en 2005 para defender el principio constitucional de la separación de poderes. En resumen, Bolaños logró permanecer en el cargo con la ayuda de la comunidad internacional y debido al simple hecho de que Ortega y Alemán--que desconfían de Bolaños sólo un poco más de lo que desconfían el uno del otro--no le ven ventajas a desbancarlo.
 
Las elecciones: rehenes de la corrupción y el amiguismo

La corrupción sigue siendo el talón de Aquiles de Alemán, y obtener inmunidad legal es su Santo Grial. Desde el término de su mandato, Alemán y sus amigos fueron investigados o procesados por autoridades de Nicaragua, de Panamá y de los Estados Unidos. Alemán fue declarado culpable de corrupción y condenado a varios años de prisión en Nicaragua. Las autoridades panameñas emitieron una orden de captura internacional a través de la Interpol. Se dice que las investigaciones se encuentran en proceso en los Estados Unidos. Ortega ha utilizado el sistema judicial sandinista, infame por su corrupción y partidismo, para jugar con Alemán, amenazando con encarcelarlo y usando la inmunidad como cebo para mantener a su adversario fuera de equilibrio. Mientras tanto, los amigos de Alemán parecen darle más valor al destino personal del mandatario que al futuro de su partido o su país. Muchos creen que gran parte del ala arnoldista del movimiento liberal se ve comprometida por la corrupción generalizada del mandatario.

Esto nos lleva a las elecciones actuales. Una característica que Alemán y Ortega tienen en común es el temor a un estado honesto y eficaz que pueda hacerles rendir cuentas, de modo que el resultado de las elecciones de 2006 es de suma importancia para ambos hombres. Además de manipular el aparato electoral instalando amigos maleables en el Consejo Nacional Electoral, continúan acatando un pacto para darle a Ortega toda oportunidad de ganar una victoria en primera ronda.

Alemán está respaldando al ex vicepresidente José Rizo, quien no tiene posibilidades de resultar electo; su extraño papel consiste en desviar los votos de oposición al Frente de Li-beración Nacional Sandinista de su compañero liberal Eduardo Montealegre, un tecnócrata capaz y pro-Estados Unidos que fue ministro de relaciones exteriores durante el mandato de Alemán y ministro de hacienda bajo el mandato del actual presidente Enrique Bolaños. El cálculo de Alemán es que tiene mucho menos que temer del dictador Ortega que del boy scout Montealegre. Es probable que tenga razón: antes de la campaña, Montealegre se ofreció a dar un paso al costado a favor de Rizo con la condición de que Alemán no fuera indultado, y Rizo rechazó el acuerdo. En otra muestra de apoyo al pacto y un despliegue impresionante de cinismo, Ortega eligió como compañero de fórmula vicepresidencial a uno de los consejeros clave de Alemán, Jaime Morales. El hogar de Morales en Managua fue confiscado personalmente por Ortega durante la revolución y éste lo adoptó como su propia residencia hasta el día de hoy.

Dos hombres tienen la posibilidad de detener a Ortega: Montealegre, quien encabeza la boleta de la Alianza Liberal Nicaragüense, y Edmundo Jarquín, un ex funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo, que heredó la candidatura del Movimiento de Renovación Sandinista luego de la muerte del disidente opositor a Ortega Henry Lewites, el 2 de julio de 2006. Las encuestas recientes sugieren que Ortega se mantiene firme con alrededor del 30 por ciento de los votos, Montealegre y Jarquín se encuentran en el rango de 20 por ciento y Rizo les va muy a la zaga. Muchos observadores creen que a medida que el apoyo de Rizo siga disminuyendo y Montealegre pueda transmitir un mensaje a toda la nación, el elevado sentimiento de oposición al FLNS mantendrá a flote las cifras de Montealegre, para que el candidato pueda privarle a Ortega la victoria en la primera ronda y derrotarlo con facilidad en la segunda vuelta.

La vida bajo el régimen de Daniel Ortega
 
Las siguientes citas, tomadas del gobierno de los Estados Unidos y de informes de la OEA, brindan sombrías reminiscencias de cómo fue la vida durante la dictadura de Daniel Ortega.

“Respecto al derecho a la vida, durante el período que cubre el presente Informe Anual fueron denunciadas diversas violaciones al mismo imputables a miembros del Ejército Popular Sandinista y de la Dirección General de Seguridad del Estado del Ministerio del Interior, bajo la forma de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas. De acuerdo con la información disponible, dichas violaciones habrían tenido especial incidencia en la Sexta Región”.
 
Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Organización de los Estados Americanos, “Nicaragua”, Informe anual de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 1988/89, OEA/Ser.L/V/II.76, 18 de septiembre 1989, disponible en <<a href="http://www.cidh.oas.org/annualrep/88.89span/capitulo4a.htm" target="_blank">www.cidh.oas.org/annualrep/88.89span/capitulo4a.htm>.

“Hasta ser clausurado completamente el 26 de junio de 1986, el diario La Prensa [periódico de Nicaragua de emisión diaria] sufrió censura, hostigamiento y presiones económicas a manos de los sandinistas (…) Según el editor de La Prensa, Roberto Cardenal Chamorro, en promedio casi la mitad del material presentado a los censuradores era devuelto luego de una demora de varias horas con la advertencia de “No publicar”. A veces la censura era de tal magnitud--hasta un 80%--o la demora era tan larga que el artículo directamente no podía publicarse. Los artículos que trataban temas de la Iglesia, los partidos políticos independientes, los sindicatos democráticos y la economía eran los que más sufrían la censura, aunque el gobierno negaba en forma rutinaria permisos para ¬publicar informes sobre temas como las elecciones en la asociación de veterinarios y el daño provocado por las tormentas”.
 
Departamento de Estado de los Estados Unidos, Crackdown on Freedom in Nicaragua and Profiles of Internal Opposition Leaders (Represión de la libertad en Nicaragua y perfiles de los líderes de la oposición interna), Publicación del Departamento de Estado 9509, agosto 1986, 6-7.

“La primera crisis importante del nuevo gobierno se desencadenó cuando el FLNS decidió usar su poder para asegurarse el control absoluto del Consejo de Estado (. . . ) En abril de 1980, poco antes de que el Consejo mantuviera su primera sesión, la junta decretó que el Consejo de Estado fuera reestructurado; las bancas fueron reasignadas, y el total de miembros aumentó a 47. Casi el total de las nuevas bancas fueron otorgadas a organizaciones controladas por los sandinistas: por ejemplo, el Comité de Defensa Sandinista recibió nueve”.
 
Departamento de Estado de los Estados Unidos, Human Rights in Nicaragua under the Sandinistas: From Revolution to Repression (Los derechos humanos en Nicaragua bajo el régimen de los sandinistas: de la revolución a la represión), Publicación del Departamento de Estado, diciembre 1986, 46.

“Los sandinistas tienen más prisioneros políticos que cualquier otro gobierno de América Latina”.
 
Departamento de Estado de Estados Unidos, Sandinista Prisons: A Tool
of Intimidation
(Las cárceles sandinistas: una herramienta de intimidación), Publicación del Departamento de Estado 9492, agosto 1986, 1.

“A fines de 1981, el ministro del interior Tomas Borge firmó una orden secreta que formalizaba la aplicación de ‘medidas especiales’, es decir, la ejecución ilegal de los enemigos políticos del régimen sandinista y de los delincuentes comunes (. . .) Baldizon comunica que esta orden establece que la aplicación de las ‘medidas especiales’ sólo puede hacerse efectiva con la aprobación de Borge y del primer viceministro del interior, Luis Carrion. Baldizon manifiesta que el documento con la orden ‘medidas especiales’ se use bajo todo concepto para asesinatos y que sólo un grupo selecto de militantes sandinistas de larga trayectoria estarían involucrados en las ejecuciones. También establece que sólo los funcionarios superiores y los delegados regionales de MINT pueden solicitar la aplicación de medidas especiales y que éstas deben aplicarse sólo a personas cuya detención no sea de conocimiento público”.
 
Departamento de Estado de los Estados Unidos, Inside the Sandinista Regime: A Special Investigator’s Perspective (Desde el interior del régimen sandinista: la perspectiva de un investigador especial), Publicación del Departamento de Estado 9466, febrero 1986, 7.

La democracia con muy poco dinero

Ortega y Rizo parecen tener dinero de sobra, ya que el instigador presidente de Venezuela. Hugo Chávez, está suministrando petróleo y petrodólares para apoyar a su ex-comandante sandinista. Nicaragua se vio muy perjudicada por el aumento de los precios del petróleo, y el país sufrió apagones en medio de la campaña presidencial. La promesa de Hugo Chávez de petróleo barato y sus donaciones de fertilizante a través de una red de alcaldes sandinistas--así como sus contribuciones en efectivo, según se rumorea le dieron a Ortega una marcada ventaja en términos de recursos.

Montealegre parece ser el candidato más comprometido con los valores democráticos y el gobierno honesto. Además, es el único con mayor apertura hacia los Estados Unidos.

También es el candidato con menos recursos. La mayoría de los nicaragüenses experimentados concuerdan en que si en las próximas semanas Montealegre consigue los recursos que tanto necesita para hacer una campaña creíble, demostrar su viabilidad y unificar el voto liberal, puede lograr que Ortega sufra su cuarta derrota electoral.
   
Importantes beneficios para la región y los Estados Unidos

La consolidación de la democracia y de un gobierno estable y de libre mercado en América Latina, en general, y en América Central, en particular, serán un logro extraordinario. Estados Unidos puede obtener considerables beneficios políticos y económicos al tener socios prósperos desde Canadá, los istmos de América Central y la cordillera de los Andes hasta el extremo de Chile. Nicaragua es una cuña importante en ese escenario: Hugo Chávez lo sabe, al igual que los responsables del diseño de las políticas estadounidenses y sus aliados en la región.

Muchos centroamericanos están horrorizados ante la posibilidad de que el espectro de Daniel Ortega regrese a la escena del crimen como presidente de Nicaragua, con su credencial antiestadounidense intacta, confiando en la magnanimidad de Hugo Chávez y derrotando a un demócrata pro–Estados Unidos y defensor de la libertad de mercado. Los amigos de los Estados Unidos en la región creen que la victoria de Ortega reforzaría el proyecto antiestadounidense de Chávez, que se ha visto socavado con las recientes derrotas de sus candidatos en Perú y México. También temen que la visión de Ortega de oposición a la libertad de mercado y al TLCAC retarde el crecimiento de la región y revierta los impresionantes pasos que los gobiernos de América Central han dado hacia la integración.

El embajador de los Estados Unidos en Nicaragua, Paul Trivelli, y otros funcionarios estadounidenses fueron criticados tanto en Nicaragua como en otros países por tomar partido en las elecciones presidenciales. Pero estas críticas ignoran hechos clave: Trivelli se opuso a un pacto antidemocrático, a políticos corruptos y a un dictador que no se adapta a los cambios sociales y económicos. Además, Trivelli fue convocado para rebatir las sugerencias provenientes de los partidarios del cínico Alemán de que los Estados Unidos realmente cree que Rizo es una alternativa aceptable. Resulta difícil imaginar que cualquier enviado de un gobierno decente hubiera actuado de otra manera.

Ortega no goza ni jamás gozará del apoyo de la gran mayoría de los nicaragüenses. Puede verse derrotado fácilmente siempre que se den las siguientes condiciones entre ahora y el 5 de noviembre:

  • Los Estados Unidos debe continuar expresando su prefe-rencia de que Nicaragua tenga un gobierno que no robe ni abuse del pueblo. Este criterio reduce el campo de opciones considerablemente.

  • La OEA debe ser rigurosa al exigir que el Consejo Nacional Electoral organice elecciones libres y justas el 5 de noviembre. Esta condición se encuentra lejos de estar asegurada.

  • Por último, los demócratas nicaragüenses y sus amigos fuera del país deben adoptar un compromiso con el futuro del país apoyando generosamente al mejor hombre que puedan encontrar para el cargo. Éste no es momento para que los nicaragü-enses cubran sus apuestas. 

Los nicaragüenses se encuentran en una encrucijada

Si bien hoy en día Nicaragua es un país pobre, la culpa es principalmente de los líderes malintencionados o egoístas. Una y otra vez, los nicaragüenses de todas las clases sociales--especialmente los más pobres, los cuales se encontraron entre los primeros en resistirse a la dictadura sandinista--tuvieron la oportunidad de tomar decisiones por sí mismos y eligieron sabiamente. Los amigos internacionales pueden y deben ayudar a asegurar unas elecciones libres y justas. Pero, como siempre, los dignos nicaragüenses son quienes deben responsabilizarse por recuperar su país y encaminarlo hacia la mayor igualdad social, el crecimiento económico sostenido y la estabilidad política. Sólo podemos esperar que no se decepcionen a sí mismos.

Roger F. Noriega (rnoriega@aei.org) es visiting fellow del American Enterprise Institute (AEI).

La asistente de investigación del AEI, Megan Davy, y la socia editorial del AEI, Nicole Passan, colaboraron con el autor en la edición y elaboración de este Latin American Outlook.

Nota

1. En orden cronológico de elección, ellos son: Enrique Bolaños, de Nicaragua (4 de noviembre de 2001); Óscar José Rafael Berger, de Guatemala (28 de diciembre de 2003), Elías Antonio Saca, de El Salvador (21 de marzo de 2004); Manuel Zelaya, de Honduras (27 de noviembre de 2005) y Óscar Arias, de Costa Rica (5 de febrero).