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No. 5, Diciembre 2008
El presidente electo Barack Obama pronto deberá enfrentarse a desafíos y oportunidades urgentes cerca de nuestro país, en el continente americano. Su equipo puede enterrar el paternalismo y el pensamiento de suma cero que paralizaron el crecimiento de nuestra asociación natural con el continente si adopta un compromiso enérgico y respetuoso. La nueva administración debe saber escuchar y aprender pero también estar dispuesta a hacerse oír cuando estén en juego intereses y valores vitales de Estados Unidos. La buena noticia es que hay gran expectativa en la región pero sin perder el contacto con la realidad, y las relaciones con Estados Unidos están en mejores condiciones de lo que podría suponerse a simple vista. La mala noticia es que algunos desafíos--como la amenaza del tráfico de drogas y la pobreza estructural--son más graves de lo que se imagina. Obama puede tener un comienzo promisorio en el hemisferio si evita algunos errores simples, invierte capital político en el comercio exterior y la inmigración, y enfrenta seriamente los desafíos fundamentales de seguridad y desarrollo.
Una nueva dinámica moldea las actitudes actuales en América Latina. Estados Unidos dejó de ser la única opción; ahora otros actores económicos pertenecientes y ajenos a la región (China, Europa, Brasil, Venezuela y otros) compiten por el mercado de América Latina como nunca antes lo hicieron. Además, los líderes políticos electos cuentan con los recursos, el mandato popular y una gran variedad de posibles socios para forjar su propio destino. Para lograr que sus países sean más gobernables y competitivos, gran parte del trabajo por hacer exige más apoyo político interno que asistencia externa. Por último, el consenso del capitalismo democrático en sí mismo está debilitado por las expectativas sin respuesta de los más pobres de la región. Por ende, son muy pocos aquellos que esperan modelos elaborados en Washington.
Sin embargo, en medio de una profunda crisis financiera, la estabilidad y las oportunidades económicas que ofrecen nuestros vecinos de América Latina son cruciales para la recuperación y la seguridad de Estados Unidos. Al fin y al cabo, el continente alberga a tres de los cuatro principales proveedores extranjeros de energía de Estados Unidos y a nuestros mercados de crecimiento más rápido. Además, nunca podremos estar verdaderamente a salvo después del atentado del 11 de septiembre si los países con los que compartimos fronteras terrestres y marítimas son inestables u hostiles.
Vínculos sólidos y respetuosos
La enorme mayoría de los líderes políticos de la región--incluso los que provienen de la izquierda tradicional--están comprometidos con las políticas responsables y orientadas al mercado, la gestión democrática de gobierno y la estabilidad política. Aun cuando el estilo populista autoritario del presidente venezolano Chávez todavía encuentra un público nostálgico en algunos círculos, su retórica piromaníaca, su militarismo y su constante interferencia lo han dejado con apenas un pequeño grupo de seguidores militantes y algunos clientes dependientes. América Latina, al fin y al cabo, es parte de "Occidente" y tiene mucho más en común con Estados Unidos y Canadá que con los amigos rusos e iraníes de Chávez. Poco atractivo tiene para los líderes que saben que deben fortalecer sus instituciones para prosperar en el futuro, el trillado estilo de caudillo de Chávez--que propone que los pobres sacrifiquen su libertad por comida.
| Pero por la historia personal de Obama y lo que significa su victoria en cuanto a las oportunidades que ofrece una sociedad libre, está en una posición sin precedentes para alentar a todas las posiciones a comprometerse a hallar soluciones mutuamente convenientes. |
Más aún, los graves problemas que tiene la región con el tráfico de drogas y la competitividad mundial pueden resolverse mejor en cooperación estrecha con Estados Unidos. Durante la administración Bush, la mayoría de los países--cuyos líderes provienen de todos los rincones del espectro político--cultivaron vínculos sólidos y respetuosos. Por lo tanto, una estrategia inteligente dependerá de que se dejen de lado ciertos preconceptos sobre el estado actual de las relaciones, que no son tan malas ni tan maleables como sugirió la campaña de Obama. Por mencionar un solo indicador, en los últimos doce años, se triplicó la ayuda de Estados Unidos a la región[1]. Aun cuando los líderes de la región no están esperando que Obama les provea un programa regional establecido formalmente, sí desean una asociación con la mayor y más dinámica economía del hemisferio y la única superpotencia mundial. A continuación, algunas recomendaciones para que nuestro nuevo Presidente pueda empezar a satisfacer esas expectativas.
Abandonar las fórmulas de suma cero. Si bien ninguno de los candidatos de la campaña presidencial de 2008 habló demasiado respecto del continente, lo que sí dijo Obama generó una preocupación genuina entre la mayoría de los interesados. Su oposición al tratado de libre comercio con Colombia, un aliado clave de Estados Unidos, y su tantas veces repetido compromiso de ofrecer una primera audiencia sin condiciones a los líderes más contestatarios de la región hizo que muchos se preguntaran si el candidato habría medido las consecuencias de esas ideas. En rigor, durante décadas, el pensamiento de suma cero causó incesantes problemas en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Chávez invirtió años y miles de millones de dólares en intentar convencer al resto de la región de que Estados Unidos debe perder para que gane América Latina. A lo largo de la historia, gran parte de los miembros de las clases políticas de América Latina y el Caribe ha sido escéptica en cuanto a cualquier iniciativa de Estados Unidos; prefiere encontrar defectos en nuestros esfuerzos en lugar de asumir la responsabilidad por su propio destino. Cuando Estados Unidos se compromete con la defensa de nuestros valores, muchos en la región se apresuran a criticar. Cuando nos contenemos, se nos acusa de indiferentes. Pero por la historia personal de Obama y lo que significa su victoria en cuanto a las oportunidades que ofrece una sociedad libre, está en una posición sin precedentes para alentar a todas las posiciones a comprometerse a hallar soluciones mutuamente convenientes. Y puede demostrar tener la credibilidad y la talla necesarias para convertirse en el socio que pueda impulsar, sinceramente, a otros países a ayudarse a sí mismos.
Saber escuchar y aprender. Obama debe demostrar su apertura en la Cumbre de las Américas, programada para abril de 2009 en Trinidad y Tobago. Allí estarán representadas todas las naciones libres del hemisferio occidental, y los pares del nuevo Presidente estarán atentos a cada palabra que diga. Debe estar preparado para describir su visión del futuro y debatir nuestro profundo y constante compromiso con la lucha contra la pobreza mediante el estado de derecho y una ciudadanía educada. El diálogo es un camino de ida y vuelta. El anfitrión de la cumbre y otras delegaciones deberán sentar las bases políticas para un intercambio constructivo, personal e informal entre los líderes.
Defender la libertad. La administración Obama debe romper el silencio de Estados Unidos en cuanto al preocupante deterioro de la democracia en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y en otras partes de la región para que nuestros amigos sepan que los apoyamos y que alentamos a los demócratas de la región a defender sus valores. Además, Estados Unidos debe continuar siendo un defensor aguerrido de la libertad económica, en la que la función del gobierno es fortalecer al individuo y al capitalismo emprendedor.
Facultar a un enviado especial. Obama debe designar a un aliado político de gran envergadura y de su confianza como enviado especial al resto del continente y elegir a un político avezado como secretario adjunto de estado. Los mejores diplomáticos de carrera merecen contar con una autoridad experimentada y decidida para poner en marcha una política sólida en la región.
Consultar con pesos pesados. Sería inteligente por parte de Obama comprometerse a mantener canales abiertos y encuentros periódicos con los mandatarios de Brasil, Canadá y México dado que son los líderes del continente. Estas consultas personales serán de suma importancia para coordinar respuestas eficaces a los problemas de la región y también más allá de sus fronteras.
Lanzar una revolución educativa. Otro factor que atenta contra el crecimiento de América Latina son los sistemas educativos insatisfactorios, ineficaces y que carecen de fondos suficientes en la mayoría de los países de la región; de hecho, catorce países de África al sur del Sahara invierten un mayor porcentaje de su ingreso per cápita en educación que diecinueve países de América latina, incluyendo México, Chile, Brasil, Argentina y Venezuela[2]. Es difícil imaginar que el continente americano pueda alcanzar todo su potencial hasta tanto la educación primaria se ponga a punto, brindando a las personas de todas las condiciones sociales las herramientas que necesitan para hacer a sus gobiernos responsables de sus actos y para aprovechar los nuevos y mejores empleos que crean las economías en crecimiento. Obama debe concentrar su atención personal y suficiente asistencia externa de Estados Unidos--equiparando los recursos de los bancos de desarrollo y locales--para incrementar la eficacia y el alcance de los sistemas educativos de la región, estableciendo metas razonables y mensurables para eliminar el analfabetismo antes de que termine el año 2020.
Recompensar la reforma y combatir la corrupción. América Latina hizo avances importantes en cuanto al crecimiento económico y a las transiciones hacia la democracia representativa en los últimos veinticinco años. Sin embargo, sus instituciones relativamente débiles y la persistente corrupción conspiran para mantener la extrema pobreza. Los pobres en América Latina hoy cuentan con una proporción de la riqueza de sus países menor de lo que era hace veinte años[3]. Si bien Estados Unidos promovió las políticas macroeconómicas sólidas y las privatizaciones como parte de lo que se conoció como el "Consenso de Washington", los beneficios de esas reformas económicas no se maximizaron ni se distribuyeron con equidad a causa de las instituciones ineficaces, la corrupción y otros obstáculos para la movilidad social.
Aunque difícilmente pueda culparse a Estados Unidos por las debilidades inherentes de esos países, se nos ha identificado con un programa que dejó a muchos de los pobres insatisfechos y desilusionados. Hoy, varias economías clave de América del Sur experimentan un crecimiento positivo. Sufrieron el golpe de la crisis financiera pero su reacción fue rechazar el proteccionismo en lugar de usar como chivo expiatorio la economía de mercado. Particularmente en respuesta a la desaceleración de la actividad económica mundial, estos países deben insistir en instaurar reformas de segunda generación--políticas fiscales disciplinadas, instituciones democráticas eficaces, códigos laborales flexibles, sectores financieros accesibles, tribunales independientes y seguridad pública adecuada--a fin de sobrellevar la desaceleración actual y lograr un desarrollo sustentable y equitativo.
| En una crisis económica, es tentador echarle la culpa a la inmigración por los problemas del empleo, pero el nuevo Presidente debe evitar usarla como chivo expiatorio y llevar a cabo una reforma real. |
Sin duda, las dificultades mencionadas son de enormes proporciones, y el equipo de Obama deberá ser especialmente creativo al diseñar estrategias innovadoras para alentar a los gobiernos a insistir en el mismo programa incompleto de reforma. Por lo tanto, Obama debe seguir financiando la Corporación del Desafío del Milenio, que canaliza asistencia de Estados Unidos hacia países de ingreso bajo que gobiernan en democracia y combaten la corrupción, e inspeccionar los programas de los países que no cumplen con estos compromisos, como Nicaragua y Honduras.
Hacer nuestra parte en la lucha contra la droga. Otro desafío importante y cada vez mayor es el cáncer del delito transnacional impulsado por el tráfico de drogas, que corrompe y socava a los gobiernos y desgarra el tejido social en la región. Colombia ha dado pasos importantes al respecto, gracias, en parte, a la ayuda en materia de seguridad por parte de Estados Unidos. Los líderes políticos de México demostraron una firmeza sin precedentes para enfrentarse a los narcotraficantes, pero es probable que la situación empeore antes de mejorar. En Venezuela, Bolivia y algunas naciones de América Central, la tendencia es decididamente negativa; los organismos encargados de hacer cumplir la ley ni siquiera simulan estar en condiciones de controlar la amenaza.
El presidente George W. Bush priorizó el "Plan Colombia", que comenzó como un acuerdo bipartidista durante la administración Clinton. Y la reciente Iniciativa Mérida canaliza US$500 millones a México y América Central para combatir el tráfico de drogas. Tal vez aún más positiva sea la novedad de que los principales estados de la región--con Colombia a la vanguardia--reconocieron su propia responsabilidad por haberse enfrentado a este programa y están incrementando sus esfuerzos para diseñar una respuesta local[4]. Este tipo de esfuerzos regionales integrados es esencial para luchar contra la ilegalidad y la inestabilidad que amenazan la gobernabilidad en cada vez más países. Brasil, Colombia y México pueden ser decisivos para obtener la cooperación de gobiernos que no avalan la táctica de la guerra de Estados Unidos contra las drogas. La administración Obama debe continuar enviando un apoyo sustancial a México y América Central y alentar la cooperación integrada entre organismos civiles encargados de hacer cumplir la ley para enfrentar a los mortíferos carteles de las drogas.
Consolidar el éxito en Colombia. Uno de los desafíos más urgentes para la administración entrante será cómo tratar a un aliado clave, Colombia, que está en el corazón de la política de Estados Unidos orientada a promover la gestión democrática de gobierno, combatir el terrorismo y las drogas, y generar asociaciones económicas. Por desgracia, los dirigentes sindicales de Estados Unidos y muchos miembros del partido de Obama creen que, de alguna manera, lo que es bueno para nuestro aliado colombiano es malo para nuestros propios intereses. El Congreso demócrata dio señales de que la vital ayuda en materia de seguridad de Estados Unidos puede estar acabándose, justo cuando el acuerdo bipartidario de apoyar el Plan Colombia empieza a dar frutos diversos. La única mención de América Latina en los debates presidenciales ocurrió cuando Obama expresó su desdén por los antecedentes de los derechos de los trabajadores en Colombia como pretexto para no apoyar el acuerdo de libre comercio pendiente con ese país[5].
| Estas recomendaciones contemplan una asociación robusta y creativa de Estados Unidos para ayudar a los países a que hagan lo que deben hacer por sí mismos. A la luz de la crisis financiera mundial y el atractivo del populismo autoritario, esta estrategia de compromiso y la defensa enérgica del capitalismo democrático son hoy más necesarias que nunca. |
Sin embargo, los informes del nuevo Presidente le dirán que Colombia eliminó virtualmente todo el cultivo de amapola del opio[6] (a partir de la que se produce la heroína "alquitrán negro"), que, desde diciembre de 2006, los precios de la cocaína aumentaron al tiempo que bajó la pureza[7] (prueba de la escasez del producto) y que la mayor parte de la cocaína andina se abre paso a Europa para no enfrentarse a la alianza Estados Unidos-Colombia. Lo que pueden haber notado pocos es que Colombia tomó la iniciativa de ayudar a funcionarios antinarcóticos afganos y mexicanos que van a Bogotá para aprender a combatir a estos mortíferos carteles con inteligencia y cumplimiento de la ley, y que la policía colombiana es el motor que impulsa a "Ameripol", una nueva y promisoria herramienta para promover la cooperación policial contra esta amenaza[8]. Colombia también estuvo al frente de dieciocho países en la elaboración de una estrategia de "zona de tránsito" que logró que los estados de América Latina y del Caribe cooperen para "enfrentarse a todos los eslabones" de la cadena de la droga[9].
Gracias a su propia fuerza de voluntad, y aprovechando al máximo el respaldo de Estados Unidos, Colombia se está convirtiendo en el centro mundial de la lucha contra las mafias criminales de la droga. Además, su economía se recuperó gracias a que se abrió a la inversión de Estados Unidos y de sus vecinos. En pocas palabras, si le damos la espalda a Colombia--en lo que respecta al comercio o a la ayuda--, las consecuencias serán nefastas, duraderas y tangibles para la credibilidad de Estados Unidos y nuestros intereses de seguridad nacional. La habilidad para negociar de Obama, su credibilidad y su compromiso con el resto del continente se medirá según cómo trate a Colombia. Puede evitar los que serían algunos de sus primeros errores si retrocede de varias de las posturas que adoptó en el fragor de la campaña. Puede ratificar el agonizante tratado de libre comercio con Colombia[10] e incluir un financiamiento significativo para la Policía Nacional de Colombia y demás instituciones que libran batallas por nosotros.
Enriquecer el programa con Brasil. La administración Obama debe prestar especial atención a nuestros amigos de habla portuguesa. Los líderes e instituciones brasileñas están demostrando que el capitalismo democrático es el verdadero remedio para sacar a millones de la pobreza y puede ser una fuerza estabilizadora en el continente y en el mundo. Además, debe alentarse al presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva a asumir el papel de líder para negociar la salida del atolladero de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio, reiterando el compromiso de Estados Unidos de eliminar los subsidios agrícolas conjuntamente con las concesiones de Europa y Asia[11].
Incentivar el capital privado. Obama debe enviar al Secretario del Tesoro a reunirse con sus pares para estimular la recuperación económica, solucionar las perturbaciones en el crédito para el sector privado e iniciar las negociaciones en pos de un acuerdo de inversión que asegure y facilite la actividad empresarial internacional, incite a una mayor competitividad de las economías y atraiga capital de todo el mundo[12].
Dejar atrás "el muro". Obama y los demócratas tienen una oportunidad de modernizar las leyes de inmigración de Estados Unidos para adaptarlas al flujo natural de trabajadores extranjeros legales que contribuyen a la economía de Estados Unidos y vuelven a su hogar. En una crisis económica, es tentador echarle la culpa a la inmigración por los problemas del empleo, pero el nuevo Presidente debe evitar usarla como chivo expiatorio y llevar a cabo una reforma real.
No olvidarse del Caribe. La administración Obama debe prestar especial atención a las características peculiares de los pequeños estados insulares del Caribe y tomar medidas para resolver sus vulnerabilidades en lo que respecta a la migración ilegal y el tráfico de drogas. Debe designarse un coordinador especial para el Caribe que defina con la región el empleo de un fondo internacional plurianual de fomento diseñado especialmente para sus necesidades singulares; la Comunidad del Caribe podría facilitar el diálogo brindando estatus de observador a Estados Unidos. Los haitianos deben poder contar con ayuda internacional, que exige el compromiso constante de Estados Unidos; el menor indicio de que el ex presidente Jean-Bertrand Aristide pudiera volver al poder con la nueva administración democrática sería peligrosamente desestabilizador.
Poner a prueba las instituciones regionales. En las últimas décadas, Estados Unidos fue un buen vecino: ofreció acceso (en algunos casos, unilateralmente) al mercado estadounidense, promovió la democracia y el buen gobierno, condonó deuda, prestó su ayuda en crisis financieras, enfrentó la amenaza transnacional de la droga, estructuró un programa regional en foros multilaterales como la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Cumbre de las Américas, y estrechó los vínculos con Brasil y México. Obama puede alentar nuevas y osadas iniciativas dirigidas por países de América Latina en las que se responsabilicen en materia de lucha contra la droga, promoción de la democracia y seguridad regional, y puede ayudar a revitalizar la OEA y el Banco Interamericano de Desarrollo, como instrumentos más eficaces y mejor financiados para el bien común de la región.
Mantener la fe en el pueblo cubano. Durante su presidencia, es probable que Obama vea el nacimiento de una Cuba libre. Mientras tanto, no debe perder la fe en el pueblo cubano; debe poner en marcha iniciativas audaces y creativas para apoyar la oposición democrática en la isla. Puede demostrar su compromiso con dicha meta poniendo como condición que el régimen permita viajar sin restricciones a todos los cubanos para la flexibilizar los viajes de Estados Unidos a Cuba (para empezar, los que tienen visa para entrar a Estados Unidos pero hoy son rehenes en la isla). Obama debe además reiterar su promesa de mantener el bloqueo de Estados Unidos, según lo exige la ley de Estados Unidos, hasta que Cuba sea libre, y potenciarla para conseguir reformas profundas, amplias e irreversibles de un gobierno de transición. No tiene lógica que el nuevo Presidente busque enfrentarse al grupo creciente de demócratas que votaron en contra de hacer concesiones unilaterales a la despiadada dictadura cubana.
Entablar el diálogo, primero con nuestros amigos. En el fragor de un debate presidencial, Obama prometió reunirse con Chávez y con el líder cubano Fidel Castro--sin precondiciones--en el primer año de su presidencia[13]. Ni Chávez ni Castro hicieron nada para justificar esa posición preferencial en la agenda de reuniones presidenciales. Más aún, esos encuentros legitimarían, envalentonarían y harían ganar tiempo a ambos y desmoralizaría a los valerosos demócratas en Venezuela y Cuba, que serán los que en última instancia paguen el precio de esos gestos sin sentido. Obama no debe acceder a mantener reuniones oficiales con Chávez ni Castro hasta haber ofrecido la misma cortesía extraordinaria a todos los líderes amigos y electos. Tal vez el mundo espere que Obama inicie una nueva era de "diálogo" pero lo perdonará por dejar pasar encuentros sin sentido que fortalecerán a nuestros enemigos y perjudicarán a nuestros amigos.
Reemplazar el paternalismo por la asociación
Estas recomendaciones contemplan una asociación robusta y creativa de Estados Unidos para ayudar a los países a que hagan lo que deben hacer por sí mismos. A la luz de la crisis financiera mundial y el atractivo del populismo autoritario, esta estrategia de compromiso y la defensa enérgica del capitalismo democrático son hoy más necesarias que nunca. Es de esperar que el nuevo Presidente adopte una política que sea pragmática y con principios: que sea suficientemente pragmática para dejar de lado ideas preconcebidas a fin de promover nuestros intereses y suficientemente consecuente con nuestros principios para defender nuestros valores tradicionales y apoyar a nuestros amigos de confianza. Este enfoque supone también que nuestros socios aceptarán la responsabilidad por su propio futuro y entenderán su relación con Estados Unidos de manera más moderna y madura.
Durante demasiados años, las relaciones entre Estados Unidos y América Latina estuvieron dominadas por una fórmula de suma cero, en la que los intereses de Estados Unidos se contraponían a la equidad regional. Es posible dar vuelta la página y poner fin al paternalismo si Obama logra que sus pares inviertan capital político en la búsqueda de fórmulas mutuamente convenientes y asociaciones genuinas.
Roger F. Noriega (rnoriega@aei.org) es visiting fellow de AEI y trabaja para Tew Cardenas, LLP, una firma de servicios legales que representa a gobiernos y empresas de Estados Unidos y extranjeros
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Notas
1. Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, "U.S. Overseas Loans and Grants (Greenbook)", disponible en http://qesdb.usaid.gov/gbk/, consultado el 26 de noviembre de 2008.
2. Banco Mundial, Indicadores del desarrollo mundial 2008, Washington, DC, Banco Mundial, 2008. Los datos corresponden al año más reciente disponible. La estadística utilizada mide el gasto por estudiante de educación primaria como porcentaje del PIB per cápita.
3. Ibíd. Los datos actuales y de hace veinte años corresponden al año más reciente disponible y al primer año disponible desde 1980 respectivamente. En las economías más grandes de América Latina--Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela--, el 10% más pobre de los habitantes accede a una proporción menor de sus respectivas economías nacionales que hace veinte años, excepto en Chile y en Colombia, en donde los más pobres experimentaron una muy modesta mejoría. Cabe señalar que en donde más perdieron los pobres en las últimas dos décadas fue en Venezuela y Argentina.
4. En la cumbre regional sobre el problema mundial de la droga, la seguridad y la cooperación del Movimiento de los Países no Alineados, que se celebró el 1 de agosto de 2008 en Cartagena de Indias, Colombia, los participantes elaboraron un plan de acción que responsabiliza a los países involucrados por el trabajo conjunto para enfrentar esta amenaza.
5. Obama se dice comprometido con el libre comercio y en 2008 votó a favor del acuerdo comercial con Perú. Abogó por enmendar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) solo si no prosperaba el diálogo en pos de conseguir medidas laborales y ambientales más fuertes. Ver Nina Easton, "Obama: NAFTA Not So Bad After All", Fortune, 18 de junio de 2008.
6. Hace diez años, se cultivaban casi 10.000 hectáreas de amapola del opio; hoy, quedan unas 350 hectáreas.
7. Administración de Control de Drogas de Estados Unidos, "Cocaine Price/Purity Analysis of STRIDE Data", disponible en www.usdoj.gov/dea/concern/cocaine_prices_purity.html,consultado el 26 de noviembre de 2008.
8. Sam Logan, "Ameripol Comes to Life", International Relations and Security Network, Security Watch, 26 de noviembre de 2007, disponible en www.isn.ethz.ch/isn/Current-Affairs/Security-Watch/Detail/?id=53432&lng=en,consultado el 26 de noviembre de 2008. Ameripol (Comunidad de Policías de América) se formó en Bogotá, Colombia, el 14 de noviembre de 2007 entre dieciocho estados miembro. El actual director general es el jefe de la policía de Chile, Eduardo Gordon, y el actual secretario general es el director general de la policía de Colombia, Oscar Adolfo Naranjo.
9. El comunicado de la cumbre del Movimiento de Países no Alineados de Cartagena compromete a cada estado a ayudar a reducir la oferta y demanda de drogas ilegales y a cooperar contra los delitos relacionados. La iniciativa incluyó a varios estados--entre otros, Bolivia, Cuba y Venezuela--que se rehúsan a cooperar con los programas antidroga de Estados Unidos. El comunicado está disponible en www.eulacdrugs.org/fs/view/docs-pdf-press-releases/Cartagena_Declaration._Summit._ENG.pdf, consultado el 2 de diciembre de 2008.
10. También está pendiente ante el Congreso de Estados Unidos un acuerdo de libre comercio menos controvertido con Panamá.
11. "Brazil Says Trade Key to Resolve Crisis", Associated Press, 14 de noviembre de 2008.
12. Nancy Lee, "Integration in the Americas: One Idea for Plan B", Centro para el Desarrollo Mundial y Diálogo Interamericano, CGD Notes, mayo de 2008, disponible en www.cgdev.org/content/publications/detail/16178/, consultado el 26 de noviembre de 2008. Lee aboga por un "acuerdo de inversión regional en base a estándares diseñado para reducir las barreras microeconómicas y de otros tipos a las que deben enfrentarse los inversores nacionales y extranjeros" como alternativa lógica al "colapsado" tratado de libre comercio regional. La autora imagina un acuerdo práctico para mejorar "la calidad de los sistemas regulatorio, tributario y legal" con medidas tales como "simplificar y acelerar los pasos para abrir empresas, pagar impuestos, obtener licencias, registrar propiedad, lidiar con los controles fronterizos y acceder a crédito y a servicios de infraestructura".
13. "Obama, Edwards Say They Would Meet with Castro, Chávez", Miami Herald, 23 de julio de 2007.