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Home >  Short Publications >  ¡Oh, hermano! Otro Castro se aferra al poder en Cuba
¡Oh, hermano! Otro Castro se aferra al poder en Cuba
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By Roger F. Noriega
Posted: Wednesday, April 2, 2008
LATIN AMERICAN OUTLOOK
AEI Online  
Publication Date: April 2, 2008

In English

Download file Este articulo está disponible aquí en PDF.

No. 2, Marzo 2008

Un paso adelante del mismísimo demonio, Fidel Castro se propone pasar el bastón de mando a su socio revolucionario y hermano menor, Raúl. Con su característica audacia, el viejo dictador espera poder engatusar a una crédula comunidad internacional para que reconozca esta sucesión como un fait accompli. Por supuesto, no hay motivo para que el régimen sucesor consume este arreglo si el resto del mundo considere el bienestar del pueblo cubano desde otra perspectiva. La desintegración de Fidel abre el camino hacia un momento de extraordinaria expectativa en la historia de Cuba. Los hombres y mujeres de buena voluntad de la isla aún pueden arrebatarle su propio futuro a un régimen decrépito y desacreditado, y la única función de los extranjeros debe ser ayudarlos de todas las maneras posibles. En esta hora crítica, debemos tener en cuenta que un paso en falso--en especial, por parte de Estados Unidos--podría conferir legitimidad a un "nuevo" dictador de Cuba y prolongar la desesperación de 11 millones de cubanos.

La apuesta del régimen de Castro a tener otra mano empuñando la misma espada es un recurso para distraer la atención de lo que verdaderamente está ocurriendo bajo la superficie en Cuba. Al desaparecer de escena un mítico revolucionario, es lógico que aumenten las expectativas de la sufrida población. Si el liderazgo del nuevo régimen no logra frenar las fuerzas naturales de cambio, perderá el control rápidamente. Y si arremete con su característica implacabilidad, la reacción de la población y los ojos de la comunidad mundial podrían de-rribar los cimientos que sustentan el viejo orden. Podemos empezar por advertirles a quienes buscan aplastar estas aspiraciones que el mundo finalmente está observando y que los hará responsables por los abusos que cometan.

El reto a la sabiduría convencional

Durante las últimas semanas, se escucharon comentarios con escaso fundamento acerca de Cuba que sugieren que posiblemente los habitantes de la isla deban llegar a un acuerdo con el status quo. Una interpretación amable de este comentario podría ser que menos gente saldrá lastimada si se trata, para usar un término inapropiado que despliegan muchos diplomáticos, de un cambio "pacífico". ¿Qué hay de pacífico en 11 millones de cubanos atrapados en el naufragio de un régimen estalinista, temerosos de perder sus empleos miserables, sus magras raciones de alimentos, o su "libertad" en caso de que un vecino entrometido los oyera quejarse sobre Raúl o inquietarse por el futuro de sus hijos? Los cubanos han estado metidos hasta el cuello en la clase de "estabilidad" generada por un estado policial. En este caso, "pacífico" depende de a qué distancia uno se encuentra de Cuba.

Es posible que a aquellos que aconsejan "estabilidad" les preocupe una migración en masa de cubanos escapando del caos. Es tiempo de volver a pensar ese argumento, que en general esgrimen los responsables del diseño de políticas y aconsejan un enfoque "cauteloso". La mayor esperanza de evitar una peligrosa migración masiva de cubanos hacia nuestras costas en el mundo posterior a Fidel es ayudarlos a ejercer presión para lograr un cambio real en su país. Si nos quedamos observando cómo sus sueños de un nuevo futuro son aplastados por Raúl, estaremos invitando a la explosión migratoria de una nueva generación de cubanos desesperados.

Esta táctica sucesoria presenta la última oportunidad de educar a los pensadores del establishment, que han ansiado ver el día en que Fidel se redimiera como un verdadero "Robin Hood", en lugar de tan sólo como "el príncipe de los ladrones". En su libro After Fidel publicado en 2005, Brian Latell, un ex analista de América Latina de primera línea de la Agencia Central de Inteligencia, pinta el escalofriante retrato de un bravucón corrupto que organizó su proyecto narcisista en torno a un odio implacable hacia Estados Unidos[1]. El mayor de los Castro ha dejado muy en claro que su demanda no negociable fue una capitulación abyecta de nuestra oposición de principio a su dictadura. Independientemente de cualquier concesión por parte de Estados Unidos, el régimen de Castro siempre ha dejado claro que jamás soltará la mano del poder. Sin embargo, hay quienes continúan recomendando tener paciencia o mostrarse generoso con el hermano de Fidel, su principal aliado conspirador y sucesor elegido a dedo.

En pocas palabras, la sabiduría convencional generalmente ha resultado equivocada al aplicarse a Cuba y, para los cubanos, hoy es tan poco útil como nunca antes. En los últimos tiempos, algunos han intentado utilizar la transición a Raúl para impulsar un cambio en la política de Estados Unidos. A pesar de lo que está sucediendo dentro de Cuba, existen escépticos de nuestra política cuya receta suele incluir concesiones unilaterales por parte de Estados Unidos hacia un régimen intratable. Con la Guerra Fría a pleno, el equipo de política exterior de Richard Nixon buscó suavizar las relaciones con La Habana. Veinte años después, algunas de las mismas figuras del establishment aconsejaban la flexibilización de nuestras sanciones a Cuba, con el argumento de que la Guerra Fría había terminado. La realidad es que la Guerra Fría no ha terminado para los cubanos. Hoy en día, en Cuba, esa guerra está entrando en tiempo suplementario y con cambio de jugador.

¿Quién es Raúl?

Latell, que ha proporcionado el único perfil exhaustivo de Raúl hasta la fecha, suavizó un poco las cosas para humanizar a los hermanos en su excelente estudio de carácter. Sin embargo, retrata a los Castro como un par de gangsters: Fidel, un fascista oportunista, y Raúl, un comunista comprometido. Claro que este último aparece descrito como un amante padre de familia, nostálgico de su crianza simple en un pequeño pueblo, pero Latell también presenta pruebas de cómo un Raúl criminal y metódico estaba al servicio de la violenta lucha de su hermano y a sus propios principios comunistas. Su talento organizativo resultó indispensable para perfeccionar un régimen estalinista que aterrorizó a opositores y que se mantuvo aferrado al poder durante cincuenta años.

Debe recordarse que, hace doce años, Raúl tuvo participación directa en la dirección y organización del asesinato premeditado de cuatro personas inocentes a bordo de dos aviones de rescate estadounidenses, en el espacio aéreo internacional[2]. Antes de eso, fue descubierto secundando una operación de tráfico de cocaína hacia Estados Unidos a través de territorio cubano. Para ocultar su participación en este caso, organizó el juicio y la ejecución televisados de varios de sus cómplices, quienes testificaron haberle enviado directamente a él sacos de narcodólares[3].

A pesar de décadas de datos concluyentes en contra, hay académicos y otros que aún esperan la redención de la revolución de Castro. Aún están buscando algo de valor en medio de todos los daños y problemas que causó el régimen. Y tanto es así, que quienes confiaban en que el régimen cambiara pero no de manera brusca, también esperaban que Raúl demostrara su receptividad ante las reformas nombrando como vicepresidente a Carlos Lage, un pensador de enfoque tradicional y experimentador económico. Pero Raúl, de 76 años, hizo lo que su extenso historial anunciaba que haría y designó a extremistas de la línea dura de la milicia. Los miembros de este grupo, cuyas edades superan los setenta años, se encuentran entre los pensadores más implacables y ortodoxos que pueda ofrecer un sistema implacable y ortodoxo[4]. La retórica de Raúl tampoco deja demasiada esperanza de cambio: en su discurso de aceptación como presidente, interpretó su designación como un mandato "para continuar fortaleciendo la revolución en un momento histórico" y afirmó que "Fidel irreemplazable, y el pueblo continuará su tarea después de su desaparición física"[5].

Hace poco tiempo, Latell argumentó que la sucesión de Raúl era en realidad más bien un golpe de estado, con un Fidel decaído y parado a un costado. Latell defiende con gran entusiasmo la dudosa afirmación de que el menor de los Castro está genuinamente comprometido con una apertura económica controlada como pieza esencial para satisfacer las necesidades materiales del pueblo. Sin embargo, Latell también sostiene que alentando la participación de un vetusto cuadro de oficiales línea dura y simulando que los cubanos pueden "debatir libremente" acerca del futuro de su país, Raúl está "jugando con fuego", ya que deja de lado a un cuerpo de burócratas y militares de nivel medio y aviva expectativas de reforma política que no tiene intenciones de satisfacer[6].

No hay nada en el incondicional servicio de Raúl hacia un ideal comunista que sugiera que es un reformista frustrado exigiendo al máximo la correa que sostiene su hermano. La idea de que pueda adoptar el "modelo de China"--que permite un cambio económico y al mismo tiempo mantiene el control político--es una ilusión. Raúl es quien, hace una década, diseñó la ofensiva contra los académicos que se atrevieron a proponer soluciones liberales para la debilitada economía de Cuba de la era post-soviética. Su única función en las forzadas y provisorias medidas de reforma de fines de la década de 1990 (entre ellas un deficiente programa de autoempleo) fue controlar que éstas fueran restringidas o revertidas. Consintió soluciones de mercado sólo lo suficiente para que su cuadro militar se alzara con el 40 por ciento de la incipiente industria turística, con el principal objetivo de generar lealtad dentro del aparato de seguridad del régimen. De hecho, Latell informa que Raúl enfrentó a Fidel para exigir este beneficio económico para la milicia durante la década de 1990. Este episodio es revelador, dado que Raúl se metió en este espacio económico pero se rehusó a compartirlo con el pueblo cubano. En realidad, su larga historia de rigidez ideológica indica que lo que más le atrae del "modelo de China" no es la reforma mesurada sino la conservación del control político absoluto.

Durante los diecinueve meses en que ha estado a cargo de Cuba, Raúl no ha producido ningún cambio económico ni político significativo. En cambio, se ha rodeado de defensores militantes del viejo orden. "Hay que esperar", dice la sabiduría convencional, "cuando Fidel muera, Raúl extenderá sus alas reformistas." De acuerdo a esto, con la muerte de Fidel las expectativas de los cubanos crecerán de manera explosiva. Esta creciente demanda de cambio sólo se puede satisfacer liberando los recursos, la creatividad y el espíritu de los cubanos. Desatar estas fuerzas significará la sentencia de muerte para lo que queda del régimen de Castro. Raúl, que cuenta con generales e ideólogos del Soviet entre sus camaradas de toda la vida, no es Mikhail Gorbachev. Y si albergara algún tipo de instinto humanitario en su corazón, de ningún modo podría haber hecho el trabajo sucio de su hermano durante cincuenta años.

Es innegable que Raúl tiene acceso a hábiles administradores económicos que entienden las fuerzas del mercado y que son capaces de manejar los grupos económicos del régimen, tanto dentro del país como en el exterior. Pero aprender a manipular el mercado para generar capital y mantener unido a un estado policial es bastante distinto de compartir el mercado con los demás habitantes de la isla. Existe escasa evidencia de que Raúl sea un reformista encubierto; y hay aún menos pruebas de que este astuto e implacable sobreviviente sea estúpido o suicida. El sabe mejor que nadie que un régimen ilegítimo y fracasado no se puede arriesgar a la inestabilidad que conlleva el permitir que la gente piense por sí misma.

Para concluir, independientemente de lo que Raúl tenga en mente para los cubanos, su avanzada edad y la de los hombres que lo rodean ya ha disparado otra crisis sucesoria que podría dificultar pueda instalarse adecuadamente.

La respuesta de Estados Unidos: ayudar, o por lo menos no molestar

Si el hermano menor de Fidel no promete nada nuevo para ayudar a los cubanos, ¿por qué la flexibilización unilateral de la política de Estados Unidos lo ayudaría a mantenerse en el poder?

El hecho es que lo estadounidenses comprometidos con la libertad en Cuba no están obsesionados con castigar a Cuba manteniendo la vigencia de las sanciones. El embargo es una herramienta al servicio de una política que reconoce que cada día en que el grupo de matones de Fidel se mantiene activo es una tragedia para los cubanos de todo el mundo. Esa rígida política insiste en el cambio como una condición previa para el mantenimiento de relaciones económicas y políticas normales con Estados Unidos. Por ejemplo, la política estadounidense pide la liberación de presos políticos, el desmantelamiento del estado policial y la promesa de que se lleven a cabo elecciones libres y justas. Estos son estándares que prácticamente todas las imperfectas naciones del hemisferio occidental--ya sean ricas o pobres, de derecha o de izquierda--cumplen en la actualidad (con la posible excepción de Venezuela)[7]. Es sensato reservar cualquier flexibilización de las sanciones de Estados Unidos para alentar el desarrollo de una nueva raza de líder cubano que no esté obsesionado con atormentar y oprimir a
sus compatriotas.

A pesar de la comprensible frustración que significaría el que los hermanos Castro puedan estar deslizándose bajo una nueva administración, nadie está sugiriendo una invasión para liberar a Cuba por la fuerza. La mayoría acepta que el cambio debe provenir del mismo pueblo cubano. Pero debe tenerse extremo cuidado a fin de evitar hacer algo que socave la capacidad de este pueblo de aprovechar la oportunidad de presionar para que se produzca un verdadero cambio. La intervención directa de extranjeros en la transición de Cuba sería una tragedia histórica, y esto incluye hacer cualquier cosa que confiera legitimidad a un matón que no tiene otro derecho que le permita acceder a ella. En este período post Fidel, toda torpeza de palabra o de acción que sugiera que Estados Unidos acepta la transferencia de poder de un dictador a otro acabaría con las incipientes esperanzas de libertad y arrojaría a 11 millones de cubanos a más años de incorregible dictadura.

Cuando un destacado aspirante a la presidencia de Estados Unidos, el senador Barack Obama (Demócrata, IIlinois), dice que se reunirá con Raúl Castro sin precondiciones, sus palabras no deben ser tomadas en vano. Si esa promesa se repite o si ese candidato resulta electo, la percepción de que Estados Unidos aceptará a Raúl como interlocutor legítimo dará tiempo a los partidarios de la línea dura para consolidar el régimen e intimidar a la oposición. Lo que es aún peor, marginará a aquellas personas dentro del régimen que podrían ser reformistas y desmoralizará a la oposición democrática que ha llegado a ver a Estados Unidos como su aliado más importante. 

La comunidad internacional puede cumplir un papel vital en lo que respecta a alentar el cambio democrático. Las recientes visitas del presidente de la República del Brasil Luiz Inácio Lula da Silva y de la Secretaria de Relaciones Exteriores de México, Patricia Espinosa, que consistieron en encontrarse con los hermanos Castro sin visitar a los disidentes políticos, envió un mensaje desalentador a los observadores en Cuba. Esta indiferencia en el medio de la "sucesión" podría ser devastadora para las esperanzas democráticas de la isla. Los vecinos de América Latina en particular deben responsabilizar al emergente gobierno de Cuba del cumplimiento de las normas de la Carta Democrática Interamericana, un documento firmado por todos los miembros de la Organización de Estados Americanos el 11 de septiembre de 2001, que llama a los gobiernos a respetar de manera absoluta la democracia representativa.

La visita realizada a La Habana en febrero último por el Secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Cardinal Bertone, fue un gesto de extraordinaria temeridad. Que éste se fotografiara con el nuevo "carcelero" de Cuba e hiciera abiertamente público que el Vaticano aceptaba la sucesión de facto fue un golpe diplomático de Raúl. Unos días más tarde, Bertone se desacreditó completamente al transmitir la oferta de Raúl de liberar prisioneros de conciencia detenidos arbitrariamente en Cuba a cambio de espías cubanos condenados y encarcelados en Estados Unidos por actos de espionaje y, en un caso, de asesinato[8]. La lamentable actuación de Bertone debería servir como moraleja para otros diplomáticos que también podrían ser engañados por el nuevo dictador cubano.

El presidente George W. Bush ha reiterado la oferta de Estados Unidos de normalizar los lazos políticos y económicos con Cuba una vez que se encuentre en marcha una transición genuina hacia la democracia[9]. Debe dejarse en claro que Estados Unidos no contemporizará con el régimen de Raúl ni lo legitimará. Sería prudente que Bush reafirmara esta oferta mientras el régimen de Castro se aferra al poder a fin de enfatizar que el hecho de que Raúl haya reemplazado a su hermano es el mayor obstáculo para el progreso de Cuba. Bush también debería repetir su advertencia a las fuerzas de seguridad cubanas de que aquellos que abusen de su pueblo cuando éste reclama libertad deberán responder por sus actos, y que aquellos que respeten esas legítimas aspiraciones en esta hora crítica podrán tener un lugar en la formación del futuro de Cuba.

Las señales de libertad que se transmiten a la isla desde Estados Unidos--Radio Martí y TV Martí--deben potenciarse para enviar un mensaje de solidaridad internacional con el pueblo cubano y para reasegurarles que no tienen nada que temer cuando rechazan la dictadura y revindican su futuro. Para eludir el bloqueo electrónico de estas transmisiones que realiza el régimen, Bush debería invalidar a los abogados burócratas a fin de autorizar transmisiones desde aviones que se ubiquen sobre aguas internacionales.

El gobierno de los Estados Unidos debería actuar con rapidez para otorgar nuevos fondos aprobados por el Congreso para respaldar a las fuerzas del cambio democrático y la recuperación económica de la isla. Estos programas deben incluir actividades que, una vez que se ponga en marcha una transición irreversible, movilicen capitales privados para desarrollar el inmenso potencial empresarial de los cubanos.

Debería alentarse a estudiantes de todo el mundo a viajar a este país ahora para encontrarse con jóvenes disidentes que hayan sido encarcelados y que estén siendo perseguidos por exigir el cambio. Estados Unidos debe movilizar las mejores y más brillantes mentes de la comunidad cubano-estadounidense para formar un "Ejército Democrático" que esté preparado para trabajar en la isla con el fin de alentar el cambio en las fuerzas del país.

Recientemente, Raúl firmó dos Acuerdos de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), uno de los cuales reconoce el derecho a reunirse de manera pacífica[10]. La comunidad internacional debe dejar en claro que la firma de unos papeles no sustituye el respeto de los derechos humanos en la práctica, en la realidad, todos los días. Debe permitirse que los cubanos formen partidos políticos, lleven a cabo reuniones públicas para debatir sobre su futuro, y ejerzan sus libertades políticas fundamentales sin sufrir persecuciones, acoso ni vigilancia por parte del estado policial. Esta actividad política es esencial a medida que el país avanza hacia elecciones libres y justas. De hecho, el mundo entero debe insistir en que el régimen, así como los inversores extranjeros que hoy están operando en la isla, respecten los Principios Arcos, una declaración casera llamada así por el disidente cubano Gustavo Arcos, quien exigió a las empresas que respetaran derechos laborales reconocidos universalmente.

Si Raúl fuera sincero acerca de generar un cambio real, hubiera abierto el país--incluyendo las prisiones--a los controladores internacionales de derechos humanos de la ONU, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y de otros respetados grupos independientes de derechos humanos. Como mínimo, estas organizaciones deberían estar exigiendo tener la posibilidad de realizar estos controles actualmente.

Cualquiera que haya visitado una exposición de dinosaurios en cualquier museo puede confirmar el hecho de que la osamenta vieja no se mueve. De modo que cuando los fósiles de La Habana no puedan siquiera efectuar la más mínima reforma en los meses venideros, sólo cabe esperar que la comunidad internacional demande que el régimen ceda a las aspiraciones de los cubanos y establezca un cronograma para la realización de elecciones libres y justas.

Apuesten a favor de los cubanos

Antes de la revolución de Fidel, el pueblo de Cuba había construido una de las sociedades más prósperas y progresistas de América Latina[11]. Aunque cincuenta años de dictadura han llevado a Cuba tener una de las economías más atrasadas del hemisferio occidental, el talento y la laboriosidad naturales de sus habitantes se evidencia en las comunidades de exiliados que hay en todo el mundo. No es inteligente subestimarlos.

No obstante, algunos comentarios recientes sobre Cuba realizan la cínica predicción que los cubanos aceptarán el destino que los hermanos Castro les tienen reservado. Aunque es posible que muchos cubanos estén preparados para darle a Rául el beneficio de la duda por el bien de la estabilidad, es inconcebible que cualquier extranjero haga algo para legitimar su continuación en el poder. Después de todo, un hecho irrefutable es que la supervivencia del régimen depende de la despiadada coerción estalinista, y otro hecho es que la situación de los cubanos sería, lejos, mucho mejor con el pronto abandono del régimen. Debemos acompañar al pueblo de Cuba cuando digan al viejo orden: "¡Basta, ya!"

Megan Davy, asistente de investigación y Christy Hall Robinson, asistente editorial, de AEI trabajaron con Roger F. Noriega en la edición y elaboración de este Panorama Latinoamericano.

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Notas

1. Brian Latell, After Fidel: Raul Castro and the Future of Cuba's Revolution, New York, Palgrave Macmillan, 2005.
2. Tres ciudadanos de Estados Unidos y un residente legal permanente fueron asesinados cuando aviones militares cubanos atacaron a los aviones de la organización Hermanos al Rescate en aguas internacionales al norte de Cuba, el 24 de febrero de 1996. Años después, en el juicio a un espía cubano, se estableció que el ataque había sido premeditado.
3. Andres Oppenheimer, Castro's Final Hour: An Eyewitness Account of the Disintegration of Castro's Cuba, New York: Simon & Schuster, 1992. Véase también Brian Ross and Vic Walter, "Raúl Castro: Cocaine Connection?" ABC News, 14 de abril de 2006, disponible en http://blogs.abcnews.com/theblotter/2006/08/raul_castro_coc.html (consultado el 4 de marzo de 2008). Ross y Walter informan que "Había fiscales federales en Miami listos para procesar a Raúl Castro por ser el jefe de una conspiración para llevar a cabo una importante operación de contrabando de cocaína en 1993".
4. El 24 de febrero de 2008, el día en que Raúl Castro fue elegido Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, también fueron elegidos tres generales para ocupar puestos en la primer vicepresidencia: el general José Ramón Machado Ventura, el general Julio Casas Regueiro, y el general Leopoldo Cintra Frías. Además, Carlos Lage, responsable del diseño de la política económica, asumió el cargo de vicepresidente.
5. "Excerpts: Raúl Castro's Speech", Miami Herald, 25 de febrero de 2008.
6. Brian Latell, "Cuba's Generation Gap", Wall Street Journal, 1º de marzo de 2008.
7. El deterioro de la libertad en Venezuela se describe en detalle en "Venezuela bajo Chávez: el camino hacia la dictadura", Panorama Latinoamericano, Roger F. Noriega, junio de 2006,  disponible en www.aei.org/publication24491/.
8. Pablo Bachelet, "Cardinal: Castro Open to Trade Dissidents, Spies", Miami Herald, 1º de marzo de 2008.
9. El presidente Bush reiteró la política en un enérgico discurso ante el Departamento de Estado de Estados Unidos. George W. Bush, "President Bush Discusses Cuba Policy" (discurso, Washington, D.C., 24 de octubre de 2007), disponible en www.whitehouse.gov/news/releases/2007/10/20071024-6.html (consultado el 4 de marzo de 2008).
10. Will Weissert, "Raúl Takes Small Steps on Human Rights", Associated Press, 1º de marzo de 2008.
11. La riqueza de Cuba en términos relativos antes de la devastación ocasionada por la revolución de Castro de describen en detalle en "Cuba para los cubanos", Panorama Latinoamericano, Roger F. Noriega, febrero de 2007, disponible en www.aei.org/publication25574/. Véase también "Zenith and Eclipse: A Comparative Look at Socio-Economic Conditions in Pre-Castro and Present Day Cuba", 9 de febrero de 1998 (revisado en junio de 2002), del Departamento de Estado, Oficina de Asuntos Interamericanos, disponible en www.state.gov/p/wha/ci/14776.htm (consultado el 4 de marzo de 2008).

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