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Home >  Short Publications >  Lanzamiento de la iniciativa de una “Alianza de Oportunidades” en las Américas
Lanzamiento de la iniciativa de una “Alianza de Oportunidades” en las Américas
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By Roger F. Noriega
Posted: Tuesday, August 1, 2006
LATIN AMERICAN OUTLOOK
AEI Online  
Publication Date: January 12, 2006

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In English

No. 1, 2006

Estados Unidos ha recorrido el mundo en busca de soluciones para los desafíos de nuestra seguridad y prosperidad, pero existe una gran oportunidad de hallar estas soluciones aquí cerca.  Si ayuda a sus socios comerciales de mayor crecimiento y a los principales proveedores de energía del Hemisferio Occidental a desarrollar e institucionalizar economías abiertas y competitivas, tendrá asegurado un siglo de prosperidad tanto para sí mismo como para sus socios naturales. Los gobiernos de las Américas que compartan la misma visión deberán trabajar en conjunto para poner en marchar una “Alianza de Oportunidades” que sustente un programa de reformas y alivie la pobreza crónica de la región al revitalizar la capacidad de acción, tanto económica como políticamente, de los pobres.
 
Una vez que el aire se despejó con respecto  a las controversias surgidas durante la Cumbre de las Américas, en Mar del Plata (Argentina), la verdadera importancia de la reunión quedó de manifiesto. Los líderes de la región reafirmaron su compromiso con el libre comercio y con un programa de reformas destinado a luchar contra la pobreza por medio de la democracia y del crecimiento económico. La mayoría de los gobiernos aún están comprometidos con los principios de mercado y las políticas necesarias para desarrollar economías modernas y competitivas. Sin embargo, nadie debería contentarse con el ritmo de crecimiento actual ni dar por sentado que los gobiernos responsables y con quienes Estados Unidos mantiene una buena relación prosperarán por sí solos. Los líderes de Estados Unidos deben ayudar a profundizar, ampliar el alcance y acelerar el crecimiento económico de sus vecinos; pero es necesario que estos países hagan algo por sí mismos. El gobierno de Bush debe instar a los amigos de Estados Unidos en las Américas a que se sumen a una audaz iniciativa para ofrecer una Alianza de Oportunidades a sus pueblos.

Esta Alianza de Oportunidades recompensaría a los países de las Américas, que abran sus economías y gobiernen de manera democrática, con un considerable apoyo tanto material como político, y acceso a los beneficios del libre co-mercio y las inversiones. Esta nueva Alianza, que podría ponerse en marcha en junio de 2006 durante la próxima Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), por los gobiernos que compartan la misma visión, haría hincapié en la tarea central de ayudar a las personas a salir de la pobreza por
sí mismas a través de la revitalización de la capacidad de acción económica y política.

La creación de esta alianza implica desafiar a los gobiernos a que se mantengan en el camino de las reformas y recompensar a aquellos que lo hagan. Estos fines son relativamente convencionales. Los medios para lograrlos deben ser mucho más creativos si se tiene en cuenta que, a raíz del cansancio generado por las reformas pasadas y la campaña en contra de Estados Unidos que existe en la región, la tarea se ha vuelto más difícil que nunca.

El lanzamiento de una “Alianza de Oportunidades” en las Américas

Una “Alianza de Oportunidades” recompensaría a los países de las Américas  que abran sus economías y gobiernen en forma democrática con apoyo político y material, comercio e inversiones. Esta nueva alianza, que podría ser puesta en marcha por los gobiernos que compartan la misma visión en la próxima Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) de junio de 2006, haría hincapié en la tarea central de ayudar a las personas a salir de la pobreza por sí mismas a través de la revitalización de sus capacidades de acción tanto económica como política.
Para unirse a la Alianza, los gobiernos deben:
  • ser absolutamente democráticos y cumplir con la Carta Democrática Interamericana;
     
  • respetar el estado de derecho y luchar contra la corrupción;
     
  • luchar contra la pobreza adoptando los principios de libre mercado y la liberalización del comercio internacional; y
     
  • brindar a sus ciudadanos más pobres herramientas básicas de autoayuda, tales como educación y salud.
Algunos de los beneficios de la Alianza serían:
 
  • despertar el interés del capital privado;
     
  • obtener acceso a un “Fondo de Solidaridad para las Américas” de US$ 20.000 millones, administrado por el Banco Interamericano de Desarrollo y destinado a inversiones transparentes en infraestructura;
     
  • reunir los requisitos para competir por la Cuenta para el Reto del Milenio de Estados Unidos y por un “Fondo para las Américas” de US$ 1.000 millones para generar inversiones en el sector privado en los países participantes; y
     
  • formar parte de las charlas sobre el comercio regional, cuando éstas se renueven.
La Alianza sería administrada por la OEA, que evaluaría el cumplimiento de las precondiciones anteriores y brindaría asistencia técnica para contribuir con el avance en ellas.

El consenso de libre mercado

La cobertura de los medios de comunicación de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata se centró en el debate respecto de si habría que renovar inmediatamente las negociaciones para crear un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) o esperar a que tengan lugar las charlas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para establecer un acuerdo que elimine los subsidios a los productos agropecuarios. No es cierto que el presidente George W. Bush asistió a la Cumbre para imponer un programa de libre mercado a sus vecinos, como aseguraron los críticos. Por el contrario, un puñado de opositores al ALCA fueron quienes sobreactuaron y provocaron un enfrentamiento.

Amparado por la Argentina, el país donde se celebró la Cumbre, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, intentó aprovechar ligeras diferencias en la sincronización para “enterrar el ALCA” e impulsar su plan izquierdista.

Luego de un debate inusual y revelador de siete horas entre los presidentes, los líderes acordaron ordenar a los negociadores que continuaran con las conversaciones del ALCA en 2006, teniendo debidamente en cuenta el pro-blema de los subsidios agropecuarios. En efecto, en una declaración a favor del progreso en las charlas de la OMC, los líderes citaron el discurso pronunciado por el presidente Bush el 14 de septiembre ante las Naciones Unidas, donde abogó por el progreso frente a las distorsiones en el comercio agrícola. A diferencia de la cobertura de la Cumbre por parte de la prensa de Estados Unidos, el programa de Bush ocupó el lugar central en Mar del Plata.

En diálogos privados, ninguno de los otros treinta y tres líderes se hizo eco de la ira de Chávez contra la libe-ralización de los mercados[1]. Por el contrario, uno tras otro explicaron por qué cada uno seguía comprometido con este plan de acción. Varios de ellos lo confrontaron de manera directa. Cuando Chávez comenzó con un soliloquio sobre la pobreza, Alejandro Toledo, el presidente de Perú, quien estudió en Stanford y fue lustrador de zapatos en su niñez, lo interrumpió: “No me des cátedra sobre lo que es ser pobre, Hugo”. Luego, Toledo describió los motivos por los que los mercados de exportación son fundamentales para vencer la pobreza en Perú.

Recién cuando los líderes de los países de mayor tamaño abandonaron la sala, Chávez intentó obligar a otras delegaciones a boicotear los términos del ALCA. Mientras él trataba de encontrar aliados, el presidente de Guyana, Bharrat Jagdeo, que en 1990 recibió un título de economía de la universidad Patrice Lumumba, de alineación soviética, explicó que garantizar el acceso a los mercados a través de acuerdos de libre comercio es esencial para los pequeños estados que no tienen petróleo ni mercados internos de gran tamaño. “Estamos hablando de supervivencia, no de ideología”, le dijo Jagdeo al enojado Chávez.

Los líderes de América Central, entre ellos México, Canadá, Colombia y Jamaica, realizaron elocuentes declaraciones a favor de las oportunidades creadas por las políticas de libre mercado. Samuel Lewis, vicepresidente de Panamá, mostró una notable determinación al mantenerse a favor del ALCA, a pesar de tener al beligerante Chávez a su lado.

Leonel Fernández, presidente de República Dominicana, estableció el tono del debate elogiando el progreso alcanzado por los gobiernos que han aplicado una gran cantidad de reformas macroeconómicas y con ello, en gran medida, han dominado la inflación y sentado las bases para  un crecimiento sostenido. Si bien es cierto que Fernández puso un mayor énfasis en el desarrollo social para luchar contra la pobreza, aseguró que hoy en día es inconcebible que se vuelvan a poner en práctica políticas que generaron hiperinflación y ciclos de auge y caída.

Por lo tanto, el debate, que fue malinterpretado por los medios de comunicación como enfrentamiento, tuvo un propósito genuino, ya que los líderes defendieron con pasión los principios que compartían.  Cómo para remarcar su consenso, el presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva recibió al presidente Bush en Brasil poco después de la reunión de Mar del Plata, y entre los dos emitieron un comunicado, donde “reafirmaron su compromiso con el proceso del ALCA”[2].

El plan de acción aprobado por los líderes en la cumbre es un legado al compromiso permanente de implementar un plan de acción[3] e incluye:

  • veintitrés medidas concretas que los gobiernos nacionales acuerdan adoptar para crear condiciones de trabajo decentes en la región;
     
  • veinte medidas destinadas a generar crecimiento económico y a incrementar  los ingresos, que proponen políticas sociales y económicas de mayor coherencia, inversiones en infraestructura, aumento del crédito al sector privado (en especial, a las pequeñas y medianas empresas), protecciones para la propiedad privada y políticas de energía inteligentes;
     
  • quince medidas referidas al desarrollo social, que se centran especialmente en la salud y las enfermedades infecciosas, en metas ambiciosas para la compleción de la educación primaria y media, y en un diálogo continuo para satisfacer las necesidades de los pueblos indígenas;
     
  • alrededor de diez medidas sobre la gobernabilidad democrática, que incluyen compromisos para apoyar la defensa de los derechos humanos, luchar contra la corrupción, reforzar el estado de derecho y fortalecer la capacidad de la OEA de promover y defender la democracia representativa.


El compromiso de Estados Unidos

El gobierno de Bush tiene una estrategia coherente para lograr involucrar a las Américas. Por medio de los acuerdos de comercio e inversión, y de la promoción de la democracia, el estado de derecho y la cooperación multilateral, Estados Unidos ha ayudado a crear un marco para el desarrollo de una comunidad interamericana más segura y próspera. Las economías están recuperándose del crecimiento nulo de principios de esta década (véase el gráfico), y la diplomacia personal de Bush ha solidificado las buenas relaciones con líderes de todo el espectro político. En los últimos cinco años, la intercesión de Estados Unidos con los prestamistas internacionales rescató del abismo la economía vacilante de una buena cantidad de países. Estados Unidos aporta US$ 1.700 millones a América Latina y el Caribe en materia de asistencia. Las compras de Estados Unidos a la región generan un ingreso de US$ 240.000 millones y son un motor para el crecimiento.

Sin embargo, el comercio no es altruista, y prácticamente cada centavo que Estados Unidos da a estos países influye para que ellos hagan las cosas que Estados Unidos necesita que realicen, como colaborar en la lucha contra las drogas o abrir sus mercados. Si se quiere revitalizar las reformas e inclinar el consenso popular hacia una estrategia de crecimiento orientada al mercado, es el momento de presentar un marco para el desarrollo de una comunidad interamericana que otorgue tanto énfasis a los sentimientos intangibles de optimismo, esperanza y sentido de la solidaridad como a las bases concretas de las políticas. Y si bien no puede esperarse que Estados Unidos compre la buena voluntad de la región, es importante que el pueblo norteamericano comprenda que su propia seguridad y prosperidad justifican una postura más generosa en lo que respecta a la ayuda y al comercio internacional.

A pesar de que Estados Unidos no puede--y de hecho, no debe--cargar con toda la responsabilidad de sentar las bases para la creación de una Alianza de Oportunidades, debe cumplir un papel indispensable en cuanto a las políticas comerciales y de ayuda.

Por ejemplo, en un momento en que Estados Unidos está intentando fortalecer a sus amigos frente al violento ataque en su contra impulsado por el malicioso Chávez, los acuerdos comerciales con Colombia, Perú, Ecuador y Panamá no sólo son beneficiosos económicamente, sino que también son fundamentales para los intentos de estrechar los vínculos políticos con los países con los que mantiene una relación amistosa. El presidente Bush, prudentemente, se ha negado a interferir en las negociaciones comerciales, pero la Casa Blanca debe indicar que en este momento no es oportuno prolongar interminablemente las negociaciones para obtener concesiones de sus amigos pobres. A largo plazo, los acuerdos comerciales no servirán de nada si Estados Unidos los obtiene a costa de la estabilidad política de los mismos países que está tratando de fortalecer.

En cuanto a la ayuda, el programa de la Cuenta del Reto del Milenio (MCA, por su sigla en inglés) del presidente Bush--que brinda un incentivo para aplicar reformas básicas y luchar contra la corrupción--está basado en una lógica sensata. El presidente Bush explicó:

La Cuenta del Reto del Milenio  está basada en principios claros: los países que busquen nuestra ayuda deben demostrar un historial de desempeño. [. . .] Específicamente, los países que busquen la asistencia de la Cuenta del Reto del Milenio deben mostrar resultados en tres áreas clave. Deben go-bernar de manera justa: algo razonable. Deben invertir en la población: un uso sabio del dinero. Y deben fomentar la libertad económica[4].

Sin embargo, la Cuenta del Reto del Milenio debe gestionarse de una manera más flexible para conseguir contribuciones de otros donantes y atacar los focos de extrema pobreza que existen incluso en los países en desarrollo clasificados como de ingreso medio.

La Cuenta del Reto del Milenio

En marzo de 2002, en Monterrey (México), el presidente Bush propuso la Cuenta del Reto del Milenio (MCA, por su sigla en inglés) para fomentar mayores contribuciones de los países desarrollados y mayor responsabilidad de los países en desarrollo. La Cuenta del Reto del Milenio es administrada por la Corporación del Reto del Milenio (MCC, por su sigla en inglés), que el Congreso estableció junto con la Cuenta del Reto del Milenio en enero de 2004. La misión de ambas es promover el desarrollo económico y, a la vez, fortalecer la buena gober-nabilidad, la libertad económica y las inversiones en la población. De los quince países de América Latina que reúnen las condiciones, según los requisitos de ingreso y otras restricciones, dos tienen un acuerdo con la Cuenta del Reto del Milenio, otros dos reúnen las condiciones necesarias para ser admitidos, y se considera que otros dos países se encuentran en el umbral.

Países que tienen un acuerdo:

Honduras (firmado el 13 de junio de 2005)
Nicaragua (firmado el 14 de julio de 2005)

Países que reúnen las condiciones necesarias para ser admitidos (que califican en función de la evaluación de dieciséis indicadores realizada por organizaciones que actúan como tercera parte):
Bolivia
El Salvador
Honduras
Nicaragua
Países que se encuentran en el umbral (países que aún no reúnen las condiciones, pero han demostrado estar comprometidos a mejorar su desempeño):
Guyana
Paraguay

Una de las primeras medidas para revigorizar y agudizar nuestra estrategia en las Américas es convencer a los contribuyentes de Estados Unidos de que es necesario realizar una inversión aún más generosa. En efecto, de no hacerlo, se podrían perder décadas de inversiones en el mercado natural y  vecino de Estados Unidos. Una Alianza de Oportunidades tendría mayor alcance que un enfoque bilateral e involucraría una comunidad de países que se comprometan a reconocer y apoyar el éxito de cada uno de ellos.

La participación de Estados Unidos es esencial, pero para que la Alianza de Oportunidades prospere, debe ser adoptada, desde el comienzo, por los gobiernos de la región que compartan la misma visión. Esta alianza puede concretarse durante la próxima Asamblea General de la OEA, que se celebrará en la República Dominicana en junio de 2006, en una reunión especial para los socios interesados. A esta sesión ad hoc, podrán asistir sólo aquellos que se comprometan por adelantado a adherirse a un programa concreto de reformas para impulsar la libertad política y económica: no habrá observadores, entrometidos ni detractores.

Por desgracia, existen muchos en la región--en especial, los marginados de la sociedad--a quienes otros han convencido de que la política de Estados Unidos consiste básicamente en explotar a sus vecinos pobres a través de acuerdos comerciales injustos. Es esencial corregir esta impresión mediante la creación de un nuevo marco constructivo, que destaque la tarea central de ayudar a la población a salir de la pobreza por sus propios medios, brindando poder político y oportunidades económicas a individuos de todas las clases sociales. Este tipo de fórmula de potenciación es mucho más revolucionaria que la retórica rancia y estatista que ofrecen los críticos de Estados Unidos.

Para diciembre de 2006, se habrán celebrado elecciones presidenciales en doce países de la region[5]. Este momento en que la población debe elegir nuevos líderes, es el mejor para renovar el plan de acción en apoyo de las reformas, junto con una gran cantidad de incentivos para fomentar la opción de este camino responsable y recompensar a los votantes por elegir sabiamente.

Por último, no debemos sobrestimar la influencia de Chávez en la región--que probablemente esté menguando--pero no tiene sentido subestimar el costo que puede causar aprovechando las aguas revueltas.

Las condiciones para formar parte de la Alianza

Para formar parte de esta Alianza de Oportunidades, los gobiernos participantes deben declarar su compromiso de cooperar entre sí en aras de la prosperidad y la lucha contra la pobreza, y aceptar someterse al juicio de los demás con respecto al progreso que logren en las siguientes áreas:

  • Deben buscar la armonía y estabilidad política, gobernando de la manera más democrática posible, respetando los "elementos esenciales” que establece la Carta Democrática Interamericana. Los países que celebren elecciones libres y justas serán aceptados; los regímenes que manipulen la votación y roben votos a sus opositores, no.
     
  • Deben crear sociedades más justas, respetando el estado de derecho y eliminando todas las formas de corrupción, comenzando por el cumplimiento total de la Convención Interamericana contra la Corrupción. Aquellos que luchen contra las mafias de la droga serán aceptados; los que toleren el contrabando y repartan entre sus amigos privilegios financiados por el Estado, no.
     
  • Deben comprometerse a luchar contra la pobreza, adoptando los principios de libre mercado y la liberalización del comercio internacional. Los países que reduzcan los aranceles serán aceptados; aquellos que malgasten sus recursos energéticos con políticas de energía retrógradas, no.
  • Deben promover el desarrollo social para toda la población, brindando, de manera consciente, a sus ciudadanos más pobres las herramientas que necesitan para salir de la pobreza por sus propios medios. Los sistemas educativos cuyos resultados puedan medirse serán aceptados; la asistencia social para los ricos, no.

Los beneficios para los miembros

Por supuesto, la virtud es una recompensa en sí misma, y las economías que adopten políticas sólidas atraerán muchos más millones de dólares de capital privado de los que podrían movilizarse a través de la ayuda oficial para el desarrollo. Pero la Alianza de Oportunidades puede otorgar insumos fundamentales a las provincias o países pobres que, de otra manera, quizás se quedarían atrás.

Los países que cumplan con todas las precondiciones mencionadas podrán acceder a un “Fondo de Solidaridad de las Américas” de US$ 20.000 millones, creado y administrado por el Banco Interamericano de Desarrollo[6]. El fondo respaldaría inversiones en infraestructura pública y privada en los países que reúnan las condiciones, siempre que las transacciones sean  completamente transparentes, viables y sostenibles, según el criterio de los administradores de los fondos. A medida que los países de América Latina que en términos relativos se encuentran en una mejor posición progresen, pasarían a ser donantes de la Alianza en vez de sus beneficiarios.

Para cumplir con la promesa del presidente Bush de generar más capital en la región, Estados Unidos debería establecer un “Fondo de las Americas” de US$ 1.000 mi-llones, por medio del esfuerzo combinado de la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero, el Export-Import Bank de Estados Unidos, y la Trade Development Administration, con el fin de impulsar el flujo de inversiones del sector privado en los países participantes.

Además, como pidió el presidente Bush, la Cuenta del Reto del Milenio de Estados Unidos debería lograr obtener los fondos necesarios para otorgar US$ 5.000 millones por año a los países de las Américas que reúnan las condiciones necesarias para recibir los fondos, siempre que puedan igualar cada dólar de la contribución de Estados Unidos con un dólar de su propio presupuesto nacional, un dólar proveniente de concesiones de instituciones financieras internacionales y un dólar de donantes fuera del hemisferio.

Los países que cumplan con los compromisos mencionados reunirán las condiciones necesarias para sentarse a la mesa en la que se completarán las charlas sobre comercio regional hacia fines de 2006. Otros países tendrán la opción de acceder al acuerdo cuando se ajusten a los requisitos.

La organización de la nueva iniciativa

Una OEA revigorizada y adecuadamente financiada podría organizar y administrar la Alianza de Oportunidades. Los países deben estar dispuestos a contribuir a un fondo voluntario de US$ 50 millones anuales--además de los que componen el actual presupuesto de US$ 100 millones de la OEA--que se destinará a evaluar el cumplimiento de las precondiciones anteriores y a brindar asistencia técnica para contribuir a su progreso. A pesar de que algunos de los estados miembros de la OEA quizás opten por no participar de esta iniciativa, es importante recordar que muchas entidades de la OEA, como la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, al principio sólo estaban conformadas por un subconjunto de los actuales miembros plenos de la organización.

Si bien la Alianza de Oportunidades no necesariamente eclipsará a la OEA como organismo encargado de diseñar políticas, podría presentar un marco para poner en práctica iniciativas comunes para el desarrollo del libre mercado. Por ejemplo, es esencial que esta Alianza de Oportunidades impulse un diálogo regional con respecto al uso efectivo de los recursos energéticos para el beneficio de los países socios y los pobres de la región.

Algunas reflexiones finales sobre el futuro de la región

Mientras esta nueva Alianza de Oportunidades evoluciona, no debemos olvidar a los países de habla inglesa del Caribe. Será necesario prestar especial atención a los pequeños estados insulares para asegurar que sus economías no se vean inundadas por el comercio regional de los países más importantes ni atacada por elementos inescrupulosos que quieran aprovecharse de los eslabones percibidos como débiles en nuestra comunidad de las Américas. Los gobiernos del Caribe están planeando para principios de 2006 una conferencia internacional sobre el futuro de la región, lo que crea la oportunidad de reunir apoyo para los pequeños estados insulares que conforman una frontera marítima para Estados Unidos.

Canadá, Estados Unidos y Europa deberían pensar de manera creativa en los planes económicos y políticos de sus socios del Caribe, con el fin de diseñar programas que ayuden a resolver los problemas distintivos de la región.

Además, en Cuba ya se está produciendo una transición en el corazón y en la mente de una cantidad cada vez mayor de individuos que están dispuestos a pensar en el futuro por sí mismos. Si la totalidad de las Américas, como comunidad, ayuda a sus hermanos de Cuba a unirse a una Alianza de Oportunidades, le haríamos un enorme bien a nuestra región. Sin embargo, la participación plenaria de Cuba, obviamente, dependería de que el gobierno de ese país cumpla con los elementos esenciales de la Carta Democrática Interamericana.

Sin lugar a dudas, no todos los países del continente querrán formar parte de la Alianza de Oportunidades que propone este trabajo ni llevar a cabo estas medidas que serían de utilidad propia. Es indudable que, por el momento, Cuba seguirá quedándose detrás de sus vecinos si la tambaleante tiranía de Castro se mantiene en pie. Chávez continuará causando estragos en la sociedad y en la economía de Venezuela hasta que la población se harte. Los líderes de Argentina, aparentemente con poca visión descartan opciones, con imprudente abandono. Y si bien tenemos la esperanza de que los nuevos líderes de Bolivia adopten políticas respon-sables, los comentarios que Evo Morales realizó luego de las elecciones no han despejado las dudas respecto del modelo económico que planea adoptar.

Que así sea. Los países que tomen malas decisiones deben estar preparados para asumir la responsabilidad de sus actos. No puede esperarse que el resto del hemisferio soborne a los países para que adopten políticas acertadas o resuelva los problemas de los que no lo hagan. La gran mayoría de los países del continente aceptará con agrado una iniciativa sensata y constructiva como la Alianza de Oportunidades, y eso hará que el esfuerzo, definitivamente, valga la pena.

Notas

1. Las referencias a diálogos privados se basan en entrevistas realizadas por el autor a funcionarios de alto nivel de varios países.

2. George W. Bush y Luiz Inácio Lula da Silva, “Joint Statement on the Occasion of the Visit by President George W. Bush to Brazil” (Declaración conjunta en ocasión de la visita a Brasil del presidente George W. Bush), Casa Blanca, Oficina del Secretario de Prensa, 6 de noviembre de 2005, disponible en www.whitehouse.gov/news/releases/2005/11/20051106-2.html.

3. Organización de Estados Americanos, “Crear Trabajo para Enfrentar la Pobreza y Fortalecer la Gobernabilidad Democrática”, Plan de Acción de la Cuarta Cumbre de las Américas, 5 de noviembre de 2005, disponible en www.summit-americas.org/Documents%20for%20Argentina%20Summit%202005/IV%20Summit/Plan%20de%20Accion/PDF/Proyecto%20Plan%20Accion%20ESP%20nov_5%20%20%20IV%20Cumbre%209pm.pdf .

4. George W. Bush, “A President Attends Swearing-In of Millennium Challenge CEO” (Un presidente asiste a la jura del CEO de la Cuenta del Reto del Milenio), Casa Blanca, Oficina del Secretario de Prensa, 20 de diciembre de 2005, disponible en http://www.whitehouse.gov/news/releases/2005/12/20051220.html.

5. Estas elecciones se llevarán a cabo, sucesivamente, en Honduras, Chile, Bolivia, Haití, Costa Rica, Colombia, Perú, México, Brasil, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.

6. Luis Alberto Moreno, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, citó las estimaciones del BID de US$ 80.000 millones por año para extender y mejorar la infraestructura. Véase Luis Alberto Moreno, “Promoting Economic Opportunity in the Americas: IDB´s Role” (Promoción de oportunidades económicas en las Américas: el rol del BID), (comentarios, American Enterprise Institute, Washington, D. C., 13 de diciembre de 2005).

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